Narra Dani
Y aquí
estamos, a la una de la mañana en la entrada de casa. Yo vestido ya para ir con
mis amigos tras mucho insistir por parte de Anna en que fuese a la fiesta que
en estos momentos me resulta la cosa menos apetecible del mundo. Hemos tenido
que romper mucho la cabeza con mi familia, sobre todo con mi madre y mi padre
porque ADORAN a Anna, e insistido para hacerles entrar en sus cabezones que
ella y yo sólo somos amigos. Y después de un par de historietas y muchas risas
Anna ha decidido levantarse para irse y así que yo pueda disfrutar de la
celebración de mi cumpleaños. Es muy terca. Estamos abrazados, disfrutando el
uno del otro. En realidad ninguno de los dos quiere que nos separemos ahora.
- ¿Te vas
a Mollet ya? – digo con un poco de miedo a una respuesta afirmativa. Siento que
me aprieta un poco más fuerte contra ella. Tiene su cabeza agachada en mi
cuello, sus brazos se entrelazan por encima de éste, siento su respiración
rozando mi piel, cosa que me produce unas dulces cosquillas. Yo tengo la cara apoyada
en su hombro, los ojos cerrados para así poder disfrutar todavía más de ella.
- No. –
el abrazo termina. – Voy a pasar aquí la noche, mañana me voy en el primer
vuelo que encuentre. – y me sonríe levemente. Yo resoplo.
- Ven
conmigo a la fiesta…
- Dani,
no insistas, ¿qué pinto yo allí?
- No se…
eres mi novia… - ambos sonreímos al escuchar la palabreja.
- No
Dani… mañana si quieres antes de marcharme nos vemos. – me propone.
- Mmm…
¿Dónde vas a dormir?
- Todavía
no sé. Tengo que buscar hotel.
¿Qué?
Pero será cabra loca… Saco el móvil del bolsillo y marco el número de un amigo
mío.
Narra
Anna
Se nos
está haciendo una tarea complicada el despedirnos. Yo me pongo a repasar todo
lo sucedido en el día de hoy. “Lucha por tu sueño Anna” me repitió Cris un
montón de veces… ¡Oh! Cris… me dijo que le fuese contando se me pasó por
completo…
- Hola
Borja! …………… Sí, Dani joder. …………… Nada, no me pasó nada. Solo quería saber si
tienes una habitación de las buenas libre. …………… Vale. Pues guárdamela. Ahora
te la lleno. …………… Gracias tío. …………… En diez minutos estamos ahí. ……………… Ah!
No la cobres. Mañana te la pago yo. – pongo cara de enfado, le doy tres toques
en el pecho y cuando me está viendo le niego con la cabeza y con el dedo. Él
pone el dedo índice sobre sus labios como mandándome callar. Yo me cruzo de
brazos y pongo morros. Él sonríe y me da un pico. Sonrío. – Vale. Pues nos
vemos. Gracias. …………… - cuelga y guarda el móvil en el bolsillo. – Listo, ya
tienes habitación.
-
Dani…pero es que yo… En plan, no la vas a pagar tú… ¡NO! – y en ese momento me
calla de la mejor manera posible. Un beso, un dulce beso.
- Si. La
pago yo. Bastante has hecho con venir aquí. – justo voy a protestar pero no me
da tiempo. – Se acabó. No hay más que hablar. ¡Vamos! – me agarra de la mano y
me lleva a su coche para ponernos dirección al hotel.
Subo, el
se pone al volante. Con una mano en el volante dirige el coche, la otra va
pasando de mi muslo a la palanca de cambio de marcha. Que dulce, que placer
estar aquí, que pena que se tenga que ir… Ya hemos llegado al hotel, y pedazo
hotel… Esto tiene que ser carísimo. Aparca justo en frente de la puerta. Me
abre la mía y me coge de la mano, pero a los diez segundos me la suelta…
Mierda, es cierto. El va delante, yo dos pasos por detrás.
- Buenas
noches, hemos hecho una reserva a nombre de Dani Martínez. – dice en recepción.
La chica que lo atiende lo mira de arriba abajo, bueno, más bien lo come con la
mirada. Lo siento señorita, pero este hombre es MIO.
- Sí, nos
acaba de llamar hace un ratito el jefe para reservar.
- ¿Dónde
está? Por cierto… - pregunta Dani.
- ¿Quién
señor?
- Borja,
tú jefe.
- ¡Ah! En
una fiesta sorpresa de cumpleaños de un amigo suyo. – Ale idiota, pues ahora ya
no es tan sorpresa… Que mal me cae la tía. – Tome, aquí tiene la llave.
Dani
recoge la llave y nos encamina por recepción hacía el ascensor. Al parecer nos
vamos a la última planta. La 12. Mi habitación es la 12 A. Es una suit al
parecer. Abre la puerta con la tarjeta y me hace pasar.
¡WOU!
PEDAZO HABITACIÓN.
- Dani…no…
no… no me voy a quedar a dormir aquí, olvídate. Esto tiene que costar un
pastizal. Me niego.
- Que te
calles ya. – me ordena. Me acerco a un enorme ventanal, desde aquí se ve gran
parte de León, todo iluminado con luces navideñas. Qué bonito. Siento que unas
manos rodean mi cintura y se entrelazan donde mi ombligo. Estamos así un par de
minutos.
- Vete.
Ya es muy tarde. Tus amigos te esperan.
Hace un
ruido procedente de su garganta a modo de protesta y me aprieta más fuerte
entre sus brazos a la par que hunde su nariz en mi pelo.
- Anna…
no quiero. – protesta cual niño pequeño.
- Si, si
quieres, venga, largándote. – me giro, pero él no me suelta, ahora sus manos
descansan sobre mi culo. Estamos a escasos centímetros, y como si fuesen dos
imanes, nuestros labios se juntan de nuevo otra vez. Aprovecho que él está
concentrado en el beso para andar e ir encaminándolo hacia la puerta. Una vez
allí nos separo. – Veeeenga. Ve a tu “fiesta sorpresa”.
El pone
pucheros. Y yo no quiero que se vaya, pero… Es lo que hay.
- Puedes
venir si quieres, aún estás a tiempo. – Insiste él. Yo niego con la cabeza.
Le doy un
pequeño pico y lo empujo para que salga fuera de la habitación. Y lo más rápido
que puedo cierro la puerta para que así no vuelva a entrar y no prolongar más
esta despedida. - Lo siento Dani. Pero debes irte. Mañana nos vemos.
- Oh! Anna…
La acabas de liar… Has jugado conmigo gracias a tu poder de seducción. – me
río.
- ¡Chao
Dani! Disfruta de la noche.
- ¡Adiós
Anna!
Siento
unos pasos alejarse. Ya. Se fue. Comienzo a desnudarme, dormiré o en ropa
interior o a ver si encuentro por aquí un algo para dormir, porque la camisa
que traigo por debajo no es muy cómoda, los botones no son cómodos para dormir.
En el baño encuentro un albornoz, así que me lo coloco por encima, que
hace fresquillo. Me queda por encima de las rodillas, pero es suave y
calentito. Busco en el armario, un par de toallas de repuesto, unas sábanas, un
par de cojines y un par de camisetas blancas con el nombre del hotel bordado.
¡Perfecto! Con esto dormiré, pero antes, una ducha. Cuando estoy de camino al
baño, llaman a la puerta. ¿Quién será? El servicio de habitaciones, porque si
no… Abro la puerta y ahí me lo encuentro, esperando. Maldito sea, aún no se
había ido… Se abalanza a por mí, a por mis labios. Y yo… bueno… pues me dejo
llevar.