lunes, 15 de diciembre de 2014

Starbucks

    Narra Anna
Espero nerviosa lo que vaya a decir después de mi nombre, no sé el porqué pero tengo el presentimiento de que algo bueno va a salir por esa boquita tan sexy.
-      Anna… ¿quieres? ¿quieres casarte conmigo? – Saca del bolsillo de su pantalón vaquero un anillo de oro con una gran perla blanca.
Cada palabra de su pregunta impacta en mi ser produciendo en él una alegría imposible de ocultar.
-      Dani… yo… yo… yo llevo soñando esto mucho tiempo… y que me lo pidas ahora… así… - estoy nerviosa, tengo muy claro lo que voy a responder pero los nervios no me dejan pensar y actuar con rapidez.
-      Tú solo dime, sí o no. Tampoco es tan difícil. – me dice él un tanto impaciente.
-      Pues claro Dani. Claro que NO quiero casarme contigo… - me remuevo intranquila, doy vueltas, como si estuviese luchando contra algo o contra alguien y otra noche más, de repente me despierto empapa de sudor.
Todo ha sido un mal sueño, de nuevo, una noche más… Observo el reloj, las ocho y media. Pues me levanto ya y me voy a la ducha. Me meto debajo de ese chorro ardiendo como si el agua fuese a arrastrar con ella todos mis problemas.
Era la una y media cuando me despedí de él. Bueno, más bien él me obligó a marcharme porque era muy tarde para andar yo sola por la calle. Es más, vino detrás de mí con el coche para comprobar que nada me pasaba… Es más tierno. Un adiós con la mano desde su coche fue su despedida, un beso imaginario lanzado con mí mano fue la mía, y recuerdo el acto que él hizo después de yo lanzarle el beso. Hizo como si cogiese el beso con su mano, cerrando el puño y posó su mano, primero cerrada y luego abierta para liberarlo en sus labios… Una sonrisa tonta en aquel momento invadió mi cara. Y una sonrisa tonta bajo mi ducha vuelve a invadirla.
Aggg Anna, me auto-pego en la cabeza… Estás que no respiras con Dani…
Salgo de la ducha, envuelvo el pelo con una toalla y envuelvo mi cuerpo con otra. Cuando estoy saliendo del baño suena el timbre…
¿Quién será a estas horas? ¿La gente no sabe que yo podría estar a dormir…?
Miro por la mirilla y veo una barba de tres días y unos ojos verdosos-amarronados, un color indefinido. De repente su cara se acerca más a la mirilla y pone los dos ojos mirando hacia el centro.
-      Abre. No hagas como las abuelas cotillas y abre la puerta. Sé que estás ahí.
No sé qué hacer… estoy en toalla y no me apetece abrirle así…
-      Espera, ahora voy. Un minutillo. – voy a mi habitación, cojo una bata que me da hasta la rodilla y de tres cuartos de manga y me la pongo por encima de la toalla anudándola debajo del pecho con un lazo.
Voy hasta la puerta, y abro, aun así con un poco de vergüenza.
-      Buenos días Dani. – una mirada fulminante de arriba abajo recorre mi cuerpo. - ¿Qué tal estás hoy?

Narra Dani
Hoy me he levantado dispuesto a recuperara de nuevo la amistad de Anna y a saberle hacer que le voy a recompensar cada minuto que no pasé a su lado cuando me necesitaba, porque ella ha estado ahí cuando yo sí la necesitaba.
Por eso, me he pasado por el Starbucks y le he cogido su Caramel Macchiato y un par de magdalenas rellenas de chocolate para desayunar los dos.
Y aquí estoy, enfrente a la puerta de su piso pintando el tonto en la mirilla para que me abra la puerta. Escucho una carrera hacia adentro y después de unos segundos me abre la puerta. En bata, recién salida de la ducha…
-      Buenos días…si… Pues bien… Pero ahora mejor… - le digo en forma de piropo… si me hubiese abierto la puerta en toalla ahora podría estar haciendo la croqueta… Anna se ruboriza, lo noto porque sus mejillas se han puesto rosadas.
-      Pa…pa..pasa…
-      Traigo el desayuno. – le digo enseñándole la cajita del Starbucks.
-      Oooh. Gracias Dani. Me voy a vestir y ahora voy.

-      Hombre, yo si quieres desayunar así… no me molesta. – y le hecho la lengua. Sus mejillas se ponen de nuevo coloradas. Me hace el corte de manga y entra en su habitación. Yo espero impaciente.

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