Narra Anna
Espero nerviosa lo que vaya a decir después de mi
nombre, no sé el porqué pero tengo el presentimiento de que algo bueno va a
salir por esa boquita tan sexy.
-
Anna… ¿quieres? ¿quieres casarte conmigo? – Saca del bolsillo
de su pantalón vaquero un anillo de oro con una gran perla blanca.
Cada palabra de su pregunta impacta en mi ser
produciendo en él una alegría imposible de ocultar.
-
Dani… yo… yo… yo llevo soñando esto mucho tiempo… y que me lo
pidas ahora… así… - estoy nerviosa, tengo muy claro lo que voy a responder pero
los nervios no me dejan pensar y actuar con rapidez.
-
Tú solo dime, sí o no. Tampoco es tan difícil. – me dice él
un tanto impaciente.
-
Pues claro Dani. Claro que NO quiero casarme contigo… - me
remuevo intranquila, doy vueltas, como si estuviese luchando contra algo o
contra alguien y otra noche más, de repente me despierto empapa de sudor.
Todo ha sido un mal sueño, de nuevo, una noche
más… Observo el reloj, las ocho y media. Pues me levanto ya y me voy a la
ducha. Me meto debajo de ese chorro ardiendo como si el agua fuese a arrastrar
con ella todos mis problemas.
Era la una y media cuando me despedí de él.
Bueno, más bien él me obligó a marcharme porque era muy tarde para andar yo
sola por la calle. Es más, vino detrás de mí con el coche para comprobar que
nada me pasaba… Es más tierno. Un adiós con la mano desde su coche fue su
despedida, un beso imaginario lanzado con mí mano fue la mía, y recuerdo el
acto que él hizo después de yo lanzarle el beso. Hizo como si cogiese el beso
con su mano, cerrando el puño y posó su mano, primero cerrada y luego abierta
para liberarlo en sus labios… Una sonrisa tonta en aquel momento invadió mi
cara. Y una sonrisa tonta bajo mi ducha vuelve a invadirla.
Aggg Anna, me auto-pego en la cabeza… Estás que
no respiras con Dani…
Salgo de la ducha, envuelvo el pelo con una
toalla y envuelvo mi cuerpo con otra. Cuando estoy saliendo del baño suena el
timbre…
¿Quién será a estas horas? ¿La gente no sabe que
yo podría estar a dormir…?
Miro por la mirilla y veo una barba de tres días
y unos ojos verdosos-amarronados, un color indefinido. De repente su cara se
acerca más a la mirilla y pone los dos ojos mirando hacia el centro.
-
Abre. No hagas como las abuelas cotillas y abre la puerta. Sé
que estás ahí.
No sé qué hacer… estoy en toalla y no me apetece
abrirle así…
-
Espera, ahora voy. Un minutillo. – voy a mi habitación, cojo
una bata que me da hasta la rodilla y de tres cuartos de manga y me la pongo
por encima de la toalla anudándola debajo del pecho con un lazo.
Voy hasta la puerta, y abro, aun así con un poco
de vergüenza.
-
Buenos días Dani. – una mirada fulminante de arriba abajo
recorre mi cuerpo. - ¿Qué tal estás hoy?
Narra Dani
Hoy me he levantado dispuesto a recuperara de
nuevo la amistad de Anna y a saberle hacer que le voy a recompensar cada minuto
que no pasé a su lado cuando me necesitaba, porque ella ha estado ahí cuando yo
sí la necesitaba.
Por eso, me he pasado por el Starbucks y le he
cogido su Caramel Macchiato y un par de magdalenas rellenas de chocolate para
desayunar los dos.
Y aquí estoy, enfrente a la puerta de su piso
pintando el tonto en la mirilla para que me abra la puerta. Escucho una carrera
hacia adentro y después de unos segundos me abre la puerta. En bata, recién
salida de la ducha…
-
Buenos días…si… Pues bien… Pero ahora mejor… - le digo en
forma de piropo… si me hubiese abierto la puerta en toalla ahora podría estar
haciendo la croqueta… Anna se ruboriza, lo noto porque sus mejillas se han
puesto rosadas.
-
Pa…pa..pasa…
-
Traigo el desayuno. – le digo enseñándole la cajita del
Starbucks.
-
Oooh. Gracias Dani. Me voy a vestir y ahora voy.
-
Hombre, yo si quieres desayunar así… no me molesta. – y le
hecho la lengua. Sus mejillas se ponen de nuevo coloradas. Me hace el corte de
manga y entra en su habitación. Yo espero impaciente.
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