Narra Anna
Se levanta del escalón donde estábamos sentados y
se sienta detrás de mí, espalda con espalda. Río muy suave.
-
¿Así mejor? – me dice. Yo resoplo y posteriormente inhalo
aire por la nariz. Voy…voy a lanzar la bomba.
-
Dani… - digo muy segura.
-
Si.
-
Quieres… - y de repente la seguridad cae al suelo y se rompe
en mil pedazos. - Quieres… bueno… tú… y yo… eso… ya sabes…
-
No. No sé. – me dice.
-
Daniiii – protesto mientras me giro y le doy otro leve puñetazo en un hombro.
-
¿El día en el que empezamos a ser novios? – pregunta él señalando
la fecha. Yo simplemente sonrío.
Estoy muy nerviosa, y el capullo éste sabe de
sobra de lo que estoy hablando, pero sólo lo hace por sufrir. Maldito.
Dios… Me siento ilusionada.
Él coge el anillo y lo pone en el dedo gordo, para
allí se lo compré. Era demasiado comprárselo para otro dedo. Además a él le
gustan ahí los anillos…
Y de repente poco a poco se acerca, acortando la
distancia que había entre nosotros, y a mí me entra el pánico y en un acto
incontrolado doy un paso hacia atrás.
“¿Pero qué
cojones haces Anna? Me grita una voz interior.” Mierda, mierda, mierda…
¿Qué acabo de hacer? Dani da un paso atrás. ¡NO! No era eso… Levanta las cejas
sorprendido.
-
Lo… sien..to… el… el mie..do… - digo tartamudeando -. Doy un
paso grande al frente, acortando entre nosotros la distancia que había ahora.
Nos separan diez centímetros y decido que desaparezcan. Poco a poco,
disfrutando del momento, el gran momento.
Siento
el aliento impactar en mi tez rosadita, unos pelillos de barba de tres días
tocan mi cara, mis fosas nasales se impregnan del plácido olor de Dani
Martínez, el corazón me late a mil por hora, las manos me sudan aún haciendo el
frío que hace, las piernas me tiemblan… Es la primera vez que lo tengo tan
cerca de mí… Está a punto de suceder.
Y
nuestros labios se rozan, poco a poco. Y… siento mil y una cosas en mi
estómago, no sé si son mariposas, hambre, nervios, piedras…
Acelera
un poquito más el ritmo de nuestro beso y nuestras bocas se comienzan a abrir
poco a poco. Nuestras lenguas se rozan y de la impresión se rehúyen, pero a los
segundos se están buscando de nuevo. El beso prosigue un par de minutos.
-
¡Vaya…! – dice Dani al separarnos.
-
Vaya… - digo a la vez que suspiro. Menudo beso…
menudo BESAZO.
-
Esto es un sí, no? – me pregunta.
-
Si…claro. – respondo, pero segundos después
recapacito. – ¿Esa pregunta no tendría que hacértela yo?
-
Eeemmm… no… al final el que tuvo la
iniciativa fui yo. – dice él intentando llevarse el mérito.
-
¡Maldito! ¿Quién ha venido a buscarte? – me
sonríe tiernamente y busca de nuevo mis labios. Un beso corto, casto y seguro.
-
Gracias Anna. – me dice él serio.
-
No te creas que me he gastado un pastizal en
el anillo. Soy catalana. – le digo y luego le saco la lengua.
-
No lo decía por el anillo. Me has hecho muy
feliz hoy… Has sido el mejor regalo que me han podido dar…
Y ahora soy yo la que busco sus labios. Son una
adicción, una vez los pruebas no los quieres soltar jamás. Saben a gloria,
saben a Daniel Martínez Villadangos.
¡SOY SU NOVIA! No me lo creo…
-
Novia, es mejor que entremos.
-
¿Para? – digo un poco asustada. Es demasiado pronto para
decírselo a nadie. Llevamos escasos diez minutos saliendo.
-
Nonono. Es muy rápido. – en mi rostro se aprecia alivio. – Novia,
mi madre te dijo que pasases a comer tarta.
-
Aiiii… ¿Por qué me llamas “novia”?
-
Porque me encanta repetir y oír de mi propia voz que eres MI
novia. – sonrío como una gran idiota. Llevamos saliendo diez minutos y ya me
tiene enchochada… No tengo remedio.
-
Tienes razón. Y si no paso a comer tarta Tina me cruje… -
digo.
-
Si. – hago el amago de subir el escalón para dejarle paso y
así entrar pero me para. – ¡Anna! – me giro y veo que con la mano libre se
señala los labios. Sonrío. Otra vez. Me acerco a él y lo beso. Cumplo su deseo,
pero también el mío.
Después de unos
segundos inmersos en nuestro beso, nos separo. El gruñe a modo de protesta.
-
Nos espera Tina y tu familia para comer tarta y tus amigos te
están esperando. – le replico.
-
Novia. – pongo los ojos
en blanco. – En estos momentos estoy más agusto contigo que con mi familia o
mis amigos.
-
Novio. – y tras escucharme esa palabra se abalanza a mí, me
llena la cara de besos mientras entre cada pausa me dice un “te como”. – Vale.
Para. Entremos.
El desiste y nos encaminamos hacia la puerta para
así comer la tarta de su cumpleaños con su familia.
Entro como su amiga de programa, pero a ver que
me depara ahí dentro porque no todas las amigas de trabajo de alguien deja de
comer con la familia en Noche Buena para desearle un feliz cumpleaños a
cualquier amigo de trabajo.
Me encanta la historia, enhorabuena!!!
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