miércoles, 28 de octubre de 2015

Pensándose mutuamente

Narra Anna
Cuando estoy de camino al baño para ir a darme una ducha, llaman a la puerta. ¿Quién será? El servicio de habitaciones, porque si no…
Abro la puerta y ahí me lo encuentro, esperando. Maldito sea, aún no se había ido… Se abalanza a por mí, a por mis labios. Y yo… bueno… pues me dejo llevar.
Y después de un corto rato, para mi gusto, nuestros labios se separan por su culpa.
-      Y ahora si me disculpas, me voy. – me dice. Maldito sea ha venido a vengarse por echarlo antes así de la habitación. – Que pases buena noche.
-      Disfruta de la noche. – le digo antes de que se gire para irse.
-      Lo haría más si vinieses conmigo. – me replica.
-      Dani, NO. Ve. – le ordeno.
Y ahora sí, se va a su fiesta, con sus compañeros.
Ya sola, aprovecho para meterme en la bañera y estar ahí dentro media hora, calentita. Pensando y dándole vueltas y más vueltas a la cabeza. Y sí, la mayoría de mis pensamientos los ocupa él, él y su sonrisa, él y sus caricias, él y sus besos. ÉL.
Después de secarme decido ir para cama. Que ya es hora. Allí decido ver un rato la tele. Veo esos típicos programas de Noche Buena en la que salen artistas cantando.
Después de un buen rato, y cuando me aburro de ver la tele, veo el móvil por última vez antes de apagar la luz de la mesilla. Las cuatro de la madrugada, madre mía como se me ha ido el tiempo. Dos horas y cuarto desde que Dani se ha ido. Un mensaje. De Dani. Lo abro. “Descansa” y un corazón.
Aaaaaah! Chillo para mi interior. Un corazón. UN CORAZÓN. SIIIII.
“Disfruta” le contesto. Y le añado un corazón al final. Con la misma apago la luz y me acuesto para dormir. Estoy muerta del cansancio.

Narra Dani
La verdad es que al final la fiestecita está muy bien. Ya me han hecho soplar las velas, que están en una tarta con forma de cancha de baloncesto.
Y ahora nos encontramos tomando unas copas. Bueno, algunos están tomando copas, otros como yo bebemos refrescos ya que tenemos el coche.
He pensado en Anna como unas mil veces desde que la dejé en el hotel. Estoy bailando. Si ella estuviese aquí bailaría con ella…
Ya lo estoy haciendo otra vez. Pensar en ella. Mil una veces… Sigo bailando un rato más. De repente noto que algo vibra en el bolsillo de mi pantalón. Bah! Seguro que es algún WhatsApp felicitándome. Me digo a mi mismo. Pero una fuerza interior hace que coja el móvil.

Miro la hora, cuatro de la madrugada. Y si. Hay WhatsApps, pero también hay mensaje SMS. Veo de quien es. Anna. “Disfruta” y un corazón. Una sonrisa invade mi cara. Aún está despierta. Y cuando me doy cuenta me estoy despidiendo de todos, agradeciéndoles por la fiesta y poniendo la escusa de que estoy cansado y que mañana a la noche nos vemos para tomar algo más.

No hay comentarios:

Publicar un comentario