Narra Dani
Voy a por el coche, y en los quince minutos de
trayecto que me llevan a mí destino, voy con un único pensamiento en mi cabeza:
ha tomado la molestia de venir desde Mollet a Astorga para felicitarme el
cumpleaños, darme el regalo, y por si era poco, se me ha declarado. ¿Y yo que
es lo qué he hecho? Marcharme de copas con mis compañeros de León. Joder. Soy
la persona más desconsiderada del mundo…
Que ganas de llegar al maldito hotel de una vez…
Una vez llego, meto el coche en el parking y subo
a recepción.
-
Hombre, Dani… - me atiende la misma chica que cuando dejé a
Anna. – ¿Tú por aquí de nuevo?
-
Tengo una reserva, y no encuentro la llave. ¿Podrías darme la
maestra?
-
Sí, claro. Dime el número para registrarlo por si acaso se ha
perdido la llave de la puerta. – mierda… la tía pesadita con el protocolo… Si
se lo digo va a saber que estoy con Anna y no…
Vale.
¡Vamos campeón! Momento seducción. Antes por poco me come con la mirada.
-
No sabía que eras tan profesional… - veo su nombre colgado de
la chaqueta - … Lucía. – sonrisa seductora y me paso la lengua disimuladamente
por el labio inferior y luego muerdo por donde ha hecho el recorrido la lengua.
Pronto el cuerpo de Lucía reacciona, y se pone tensa, más estirada y un rubor
aparece en sus mejillas.
-
Bueno… si… es que… normas… Pero oyes, que toma. A ver si
tienes suerte y está en la habitación. – coge debajo del mostrador una
tarjeta-llave maestra. Sí. ¡Pero qué bueno eres Martínez! Para poner fin a este
jueguecillo absurdo para mí le guiño un ojo y le doy las gracias educadamente.
¡Ala guapa! Ahí te quedas, tengo a mi novia
en la suite de este hotel.
Me encamino al ascensor para poner rumbo a
la habitación de Anna. Paso la tarjeta por el lector y ¡bingo! Abierta.
Me introduzco en la habitación, ella ya
está en cama, dormida. Pero qué bonita es. Me quedo embobado contemplándola
como más de diez minutos. Podrías acostumbrarte a esto Martínez… Me dice un yo
interior muy ilusionado y positivo.
Pues sí. Podría acostumbrarme.
Si me meto a dormir con ella en cama
únicamente en calzoncillos, ¿será demasiado atrevido? Sí. Demasiado. A ver qué
encuentro por aquí…
Narra Anna
El ruido de puertas o cajones abriéndose y
cerrándose me despierta. Me levanto sobresaltada. ¿Me están robando?
Abro los ojos, y ahí lo veo a él, en
calzoncillos, buscando algo que aun no entiendo muy bien lo que es…
-
Dani?
-
¡Qué! – se gira rápidamente, asustado.
-
¿Qué haces aquí? ¿Qué buscas? ¿Cómo entraste?
-
Lo siento, no quería despertarte Anna. Y… pues mira, estoy
aquí porque solo hacía pensar en ti así que decidí volver. - ¡Aiiii! Que
tierno, me ha llegado a lo más profundo de la patata… - Busco una camiseta del
hotel para poder dormir. Y entré por la puerta.
-
Camiseta en el último cajón de la cómoda. Y ya me suponía que
habías entrado por la puerta. – le respondo.
-
Pues entré con la llave maestra. – me dice a la par que se
pone la camiseta. No entiendo por qué… si sé de sobra que él duerme en pantalón
corto y sin nada para arriba, no me hubiese molestado la verdad. – Y antes de
que me lo preguntes, señora Marujilla, la llave la conseguí seduciendo a la
recepcionista.
¿Qué ha hecho qué? ¿A la tonta de antes? Ya lo
que le faltaba, que Dani le haya tirado los tejos… Los celos me corroen por
dentro y le hecho una mirada de desapruebo a Dani. Mañana igual pido una hoja
de reclamaciones, la incompetente esa no puede dar llaves maestras a diestro y
siniestro porque sí…
“Anna, deja a la pobre chica, ¡anda, celosa!”, me
recrimina mi yo interior, y tiene razón…
-
Así que coqueteando con otras…
-
No te pongas celosilla…
-
¿Yo? ¿Celosa? JA.
-
Si, tú, celosa. No está a tú nivel preciosa, ella está en
tercera y tú en primera. No te llega a la suela de los zapatos. – una gran
sonrisa invade mi cara y noto como mis mejillas se calientan. Que tonto es…
Se acerca poco a poco a la cama, y mi corazón
cada vez late más rápido y más fuerte. ¡EH! Tranquila que sólo vais a dormir…
¿no? Este pensamiento me pone todavía más nerviosa. Dani se mete en cama y se
acuesta boca arriba.
-
Bueno… - dice. Y cruza los brazos por encima de las sábanas.
Yo me pongo también boca arriba.
-
Pues sí… - y cruzo los brazos igual que Dani. Dios que
situación más incómoda… Entre nosotros hay un hueco enrome…
-
Pues… hasta mañana, ¿no? – me dice.
-
Sí, hasta mañana… - le digo.
Y así nos quedamos, en silencio y ambos viendo
para el techo de la habitación con los brazos cruzados por fuera de las
sábanas.
Los minutos pasan, él no se atreve a decir nada y
yo mucho menos, ambos seguimos viendo hacia arriba, ninguno está todavía dormido.
Sólo se oyen nuestras respiraciones que van más lentas de lo normal, debe de
ser causa de los nervios y la tensión.
Los minutos pasan y ambos seguimos así hasta que
mis ojos no pueden soportar más el cansancio y se cierran.
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